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La arquitectura popular del
área de La Codosera, es singular por sus
características y particularidades, propio
de su idiosincrasia y de sus gentes.
Gracias a los numerosos ejemplos de
arquitectura tradicional que se conservan en
la campiña resulta factible el análisis de
este fenómeno. La mayoría de las viviendas
han sido levantadas por sus moradores,
familiares y amigos, poco a poco. A esta
costumbre aplicada al campo se la conoce
como "tornamendía". La arquitectura se
adaptaba al medio que la rodeaba, utilizando
para ello, los desniveles del terreno.
En la localidad de La Codosera, las casas se
escalonan y asoman sus tejados las unas
sobre las otras, desplegándose en abanico
desde el castillo hacia el llano. Claro
ejemplo de ello, lo tenemos en el casco
antiguo de La Codosera, donde aún perduran
este tipo de construcciones en las calles:
Alta, Ventosa, Rica, Santa María y
Cantarranas, y que gracias a uno de los
pocos documentos conservados (grabado del
portugués Aires Varela, de 1.643,a mediados
del siglo XVII, que hace alusión al sitio de
La Codosera por las tropas portuguesas, con
motivo de una de las múltiples guerras entre
España y Portugal), nos podemos hacer una
idea del trazado de las calles que aún
persisten y su ubicación actual.
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Mapa asedio portugués a La
Codosera |

MAPA: Según Aires Varela
Dibujos: Luis Alonso Rubio Muñoz |
La llamada "Puerta de Alburquerque", nos
atrevemos a situarla, en el arranque actual
de la "Travesía de la Luz" y la calle del
"Arrabal" (hoy Gral. Navarro), es otro
indicativo para situar el límite de la
población en aquellos tiempos. Las
construcciones más antiguas del pueblo y que
aún perduran son: las ermitas de San Pedro y
San Sebastián o Los Mártires, el Castillo y
la Iglesia.
Los materiales empleados en la
construcción fueron diversos: pizarra (en
sus dos variedades: parda oscura y negroazulada o gris perlado), barro, adobes,
ladrillos macizos de fabricación local,
cemento (estos dos últimos escasos por su
elevado precio), maderas para soportes de
pisos altos y tejados, madera de castaño
para confeccionar las puertas y ventanas (las
1as normalmente de una sola hoja, con un
postigo o partidas por la mitad de su
altura, y las 2as., carecían de cristal, por
ser complicada su adquisición y se cubrían
con un paño blanco), y los herrajes que se
hacían en fraguas locales.
Los techos se confeccionaban a base de un
armazón de madera cubierto de tejas, que se
hacían en los hornos de la localidad (como
el que se encontraba en "Los Castañares",
dando nombre incluso a una portilla cercana,
localizada en el camino de Alegrete,
conocida como "Puerto de los Telares").
El techo se sostenía por un madero grueso
central, del cual partían a modo de
costillar, palos más ligeros dispuestos a
intervalos regulares que servían de armazón,
para posteriormente acabar con el armazón
donde iban colocadas las tejas. A veces, se
colocaba un cañizo recubierto de yeso, para
seguidamente acabar encalando. La cal se
ponía exteriormente en su totalidad, y en el
interior algunas veces era sustituida por
barro, reservándose la cal solo para marcos
de puertas y ventanas. El barro utilizado,
en su variedad amarilla, se ponía para
enjalbegar las cocinas por ser más sufrido
que la cal blanca. Las maderas
solían ser de castaño, para posteriormente
irse utilizando también las de pino y
eucalipto.
En el entorno rural, también encontramos en
dependencias de uso ganadero, ejemplos de
edificaciones echas con tierra (cubriendo
falsas bóvedas por aproximación de hiladas
de piedras), lajas de pizarra y entramados
de ramaje.
Las edificaciones generalmente eran bastante
sencillas y constaban de una sola planta,
pero si tenían dos, la superior se dedicaba
casi siempre a almacenaje o secadero,
comunicándose ambas plantas por medio de una
escalera de un solo tramo, estando formado
el piso superior por lanchas de pizarra
apoyadas sobre maderos. Sobre la cocina, y a
modo de altillo, era frecuente construir un
enrejado de madera que servía para secar las
castañas con el calor de la lumbre.
Por lo general, la fachada principal de la
casa se orientaba al Naciente. En ella,
rústicos soportes solían guiar una parra
que, sombreaba en verano la entrada.
Seguidamente, se disponían las dependencias
de la vivienda, sencillas y poco numerosas.
Algunas veces la cocina se localiza aparte
del resto de la vivienda y con entrada
independiente. Las disposición del resto de
la vivienda, la ocupaban las alcobas y una
sala. En ocasiones disponía de un troje,
pequeño algorín o granero donde se guardaba
el cereal para sembrar o amasar el pan (se
han localizado trojes en alcobas, hechos por
motivos de seguridad y por la reminiscencia
de cultos de fertilidad de origen
prerromano). El mobiliario era escaso.
Alacenas y vasares hacían la función de
muebles, y se completaba la decoración con
una mesa y unas sillas. En las alcobas solo
una cama, un arca donde guardar las cosas y
a veces un humilde palanganero. De las paredes solían colgar estampas de santos,
algún escapulario y un crucifijo que
presidía la cama.
La vida se desarrollaba generalmente en la
cocina. Del techo colgaban productos de la
huerta y también los embutidos de la matanza,
y de las paredes colgaban tenazas, pucheros,
trébedes, calderos y demás utensilios. Las
chimeneas, eran generalmente del tamaño de
la campana interior, y se hace notar su
presencia al exterior sobre el tejado. Casi
todas las casas de campo disponían de su
propio horno para cocer el pan. Son de
planta cuadrada o circular que en su
interior disponían de una cámara abovedada
de ladrillos donde se disponía la cocción.
El horno podía estar adosado o independiente
de la casa, siendo frecuentes los que tenían
su boca hacia el interior de la cocina,
consistente en una abertura cuadrangular
formada por cuatro piedras de granito. La
cubierta del exterior del horno podía ser de
teja, tierra o incluso lajas de pizarra.
Corrales para el ganado y recintos para el
almacenaje completaban el conjunto. Se
conservan aún en uso algunas zonas con
zócalo de piedra y cubierta de ramaje, así
como otras íntegramente de piedras rematadas
en su parte superior por una falsa bóveda
recubierta de tierra (estas últimas
posiblemente de origen protohistórico).
Debido a la influencia portuguesa en la
zona, es notable la presencia arquitectónica
de esta en lugares próximos a la frontera,
como son (El Marco, La Tojera y La Rabaza)
diluyéndose al tiempo que se hibrida poco a
poco cuando nos alejamos de ella (Bacoco,
Pan de Trigo y La Varse) y manifestándose
sólo de manera esporádica a medida que vamos
avanzando hacia el interior de España (La
Centena, Las Juntas y La Codosera). Esta
influencia se hace patente en las chimeneas
(rematadas en su parte alta por voluminosos
cuerpos cúbicos o vistosos motivos), en los
aleros prominentes y en los remates
respingones situados en los extremos de la
cumbrera. Además de la disposición cromática
de las fachadas, podemos distinguir su
influencia por los zócalos pintados en las
paredes de color azul, así como bandas
paralelas al alero del mismo color. Los
parterres y tiestos multicolores que
engalanan las viviendas, son también de
clara influencia lusitana. |