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Bienvenidas
sean, gentes de
La Codosera
y de más allá de este bendito lugar
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Relación, Situación, Análisis y
Características de cada uno
de ellos:

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MAJADA VIEJA.-
Se encuentra situado
sobre la margen
izquierda del Río
Gevorete, en un tramo
donde este discurre
encajonado entre las
Sierras de La Lamparona
y Pan de Trigo. No hemos
encontrado testimonios
referidos a su fecha de
construcción ni de su
funcionamiento.
La obra presenta todavía
un aspecto muy sólido.
Los muros, de un grosor
medio de 50 cms., se
realizaron a base de
piedra (pizarra y canto
de río) unida con cal y
recubiertos por ambas
caras con una gruesa
capa de este material
mezclado con arena. La
cubierta era a dos aguas
pero, una vez
abandonado, debió
destejarse ya que no
quedan restos de la
techumbre. En su lado
Norte presenta
contrafuertes
exteriores.
Es un molino pequeño de
una sola pieza ("sala
molino"), de una
superficie de unos 12
metros cuadrados. La
levada o canal de
suministro de agua, que
viene de una represa
situada a menos de 200
metros, atraviesa la
construcción en sentido
Oeste-Este. No hay
señales de que esta
construcción hubiera
estado cubierta, al
menos en su tramo
occidental. La entrada
se hace a través de un
agujero practicado en la
base del muro y la
salida aprovecha el
mismo hueco de la
puerta.
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Dibujos: Luis Alonso Rubio Muñoz |
Dibujos: Luis Alonso Rubio Muñoz |
El paso del agua divide
en dos el espacio. La de
la la parte derecha,
mirando aguas abajo,
está ocupada en su mayor
parte por un poyo
corrido donde se
instalaba el alfanje. El
agua pasaba a través de
un hueco en la base del
muro, y a través de una
compuerta discurría
hasta la bóveda donde
giraba el rodezno que
movía el único juego de
piedras de que disponía.
La cuba y la bóveda
forman un solo cuerpo, y
no se han encontrado
restos del bocín,
paraera, ni del alivio.
Abandonado el molino, la
entrada de agua hacia la
bóveda, se encuentra
taponada con piedras y
el agua discurre por la
levada en dirección a
unas huertas próximas.
En el lugar donde
estaban las piedras y
sobresaliendo del muro,
se localiza una pizarra
con una perforación
circular en su extremo,
cuyo posible uso sería
el de cabria para
levantar las piedras ya
desaparecidas. En el
mismo muro, cercana a la
puerta de acceso, se
encuentra una pequeña
alacena con base de
pizarra.
El otro lado de la pieza
está ocupado
parcialmente por una
estructura escalonada
que pudo servir para
almacenar costales de
cereal o harina. En su
extremo, próximo a la
puerta, hay otro pequeño
poyo casi totalmente
tapado con piedras.
Debió tratarse de un
molino de uso ocasional
ya que su acceso
resultaba dificultoso.
La única posibilidad de
acceso era andando por
un estrecho espacio que
queda entre la levada y
el curso del Gevorete.
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ACEÑA
DE BACOCO O DE SICO
PÍRIZ.- El nombre
dado correspondía al
lugar en donde se halla
situado (caserío Bacoco),
y al de su último
propietario y molinero.
Su estructura es
bastante simple, con una
"sala molino"
rectangular rematada por
una cubierta de una sola
vertiente que se
inclinaba sobre el río.
Hoy no tiene tejas y
solo queda un fino alero
de placas de pizarra,
sobre el que las tejas
se asomaban al vacío. La
obra está realizada con
piedra y cal.
Exteriormente se recubre
con un enfoscado de cal
y arena. La entrada se
hacía a través de una
puerta colocada en su
costado sur.
Traspasada la puerta, un
amplio banco de
mampostería ocupa todo
el lateral izquierdo de
la pieza. A la derecha,
y con el pavimento más
bajo, se disponía de un
único juego de piedras
de granito. En la
actualidad estas piedras
se encuentran en la
vivienda de uno de los
hijos del molinero. Se
puede ver la rueda
dentada, de madera, que
transmitía el movimiento
a la piedra, y que a su
vez lo recibía del eje
que sostenía la rueda
vertical accionada por
el agua, situada en la
parte externa del
molino. Colindante a
esta estructura se
encuentra aún en pie el
soporte sobre el que
giraba la rueda de la
aceña. Esta era
impulsada por el agua
que caía sobre ella
procedente de una
acequia o levada. Antes
de llegar al molino, el
canal servía para regar
una estrecha y fértil
huerta. Pasada esta, la
conducción tiene una
compuerta que permite
desviar el caudal hacia
el río o hasta el
molino.
Debido al desnivel
existente, el conjunto
está mucho más elevado
en la parte que da al
río, y apoya sus muros
sobre afloraciones
pizarrosas. En esta zona
el recubrimiento
exterior de cal es mucho
más fuerte, con objeto
de protegerlo de la
acción corrosiva de la
corriente.
La aceña estuvo en
funcionamiento hasta los
años 1954-55 (según el
hijo del molinero
Francisco Píriz). Se
molía de todo (trigo,
arroz, pimientos,
etc..), y a veces se
trabajaba en
clandestinidad y por la
noche, para evitar la
presión y vigilancia de
la Guardia Civil y de
los inspectores del
Estado.
La aceña empieza
difundirse en la época
medieval debido a la
influencia islámica, y
constituye un molino
hidráulico más
evolucionado que el
rodezno. También se debe
este tipo en la región a
influencias recibidas de
Portugal. |

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CASAS
DE LA RAYA O LA RABAZA.-
Es el primer molino
localizado en el río
Gévora, en la parte baja
del caserío de La Rabaza
y próximo a la margen
izquierda del río. El
molino se abastecía de
agua a través de la
desviación de una
acequia de manera que,
después de atravesar la
cuba y salir por la
bóveda, iba a parar al
curso fluvial de forma
casi perpendicular. La
levada y la cuba se
encuentran ocultas por
la colmatación de
sedimentos naturales y
la basura depositada por
la mano del hombre.
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La
estructura de la construcción es
de pizarra rematada por una
cubierta de tejas de una sola
vertiente. Se entra a través de
una puerta de escasa altura. En
su interior a la izquierda se
encuentra el alfanje sobre el
que descansa su único juego de
muelas. Se trata de una piedra
de sílex (tipo "frances"),
oculta, como todo lo demás, bajo
sacos, cajas y pertrechos
propios de un trastero o
almacén. El aspecto general es
bastante humilde, dejando ver
bajo los desconchones de cal la
pizarra parda y fibrosa propia
de la tierra. |
|
Dibujos: Luis Alonso Rubio Muñoz |
A diferencia de los
otros molinos, este
conserva su techado.
Acabada su vida como
molino, su uso se dedicó
a vivienda-taller de
Avelino Fuertes
(zapatero artesano). Al
marcharse el artesano,
el antiguo molino pasó a
convertirse en almacén.
Gracias a ello se
conserva todavía. |

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JOAQUÍN
RODRÍGUEZ O FRONTERIÑA.-
Fue un molino con mucha
actividad, al que
acudían a moler gentes
incluso de Portugal y de
zonas situadas al norte
de la Sierra de la
Calera, como "Jola" y
"Mayorga".
Quedan de él la acequia,
la cuba y la salida de
la bóveda. Sobre lo que
fue el molino se levanta
ahora una moderna
vivienda de recreo. Solo
sabemos del molino a
través de informadores.
Estos nos cuentan que el
molino contó con dos
juegos de piedra.
Tenemos constancia de su
gran labor, por un
cuaderno que perteneció
a Manuel Rubio Mero,
vecino de La Codosera,
donde durante algo más
de diez años (2 de Junio
de 1912 a 10 de Enero de
1923), apuntó en él todo
lo relacionado con la
administración del
molino, la tierra y el
ganado (entrada y salida
del grano, aceite, vino,
etc..). Por él sabemos
cosas curiosas, como el
precio de algunos
productos agrícolas en
aquellos tiempos:
- 1 fanega de trigo en
1912, 50 Pts; en 1914,
56 Pts; en 1919, 60
Pts., etc.....
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JOSÉ
SECO O CENTENA.-
Ubicado sobre la margen
izquierda del Gévora,
debió ser uno de los
molinos más modernos en
cuanto a su fecha de
construcción.
Para
su funcionamiento, recibía el agua de
una acequia, que daba servicio, media
sendas compuertas, a los dos juegos de
piedras con que contaba. Antes de llegar
al molino, la canalización sirve todavía
para regar unas huertas inmediatas.
Las cubas fueron en
parte talladas en la
misma pizarra del
terreno y las bóvedas,
troncocónicas por
aproximación de hiladas
de pizarra, descansan
también sobre la misma
roca que fue rebajada en
algunas zonas para
permitir la instalación
de los rodeznos. Estos
han desaparecido, pero
en la "sala molino" aún
se conserva incompleto
uno de ellos. Es una
estructura circular de
hierro en la que
encajaban treinta y dos
paletas o sálivas de
madera. El diámetro del
rodezno era de 1, 70
metros. |

Dibujos: Luis Alonso Rubio Muñoz |
La "sala molino", es
rectangular, destejada y
con piedras unidas con
cal. Está recubierta al exterior con una
gruesa capa de cal y
arena, e interiormente
con cal blanca. Es una
sala con dos puertas,
una en el centro de su
lado oeste y otra en el
este, ligeramente
desviada hacia la
izquierda. Dos amplias
bancadas recorren el
interior ocupando los
lados mayores de la
habitación. El de la
derecha, según se entra
por la primera de las
puertas citadas, es en
realidad la base de los
alfanjes sobre los que
trabajaban las piedras.
La obra es de
mampostería recubierta
de lajas de pizarra
negro azuladas. En él
aparece una piedra de
granito inutilizada que
tapa parcialmente el
orificio por el que
asomaba el palahierro o
parte superior del eje
motriz. Junto a ella, en
el suelo, están los
orificios por donde
discurrían la vara o
lanza de la paraera y el
tornillo de alivio.
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Interior "sala molino".
Alfanje"francés", cambales y
rodezno con sálivas de madera |

Foto: Luis Alonso Rubio Muñoz |
|
Sobre
el
mismo
poyete
se
conserva
aún
un
alfanje
de
obra
que
sirvió
de
base
a
otro
juego
de
piedras
hoy
desaparecido.
Es
una
pieza
de
cemento
circular
con
un
orificio
en
medio
para
permitir
el
paso
del
palahierro
y
tres
más
para
fijar
la
piedra
y
evitar
vibraciones.
Es
importado
de
Francia
y
presenta
la
marca
de
su
fabricante
en
forma
de
emblema.
Todo
el
alfanje,
que
presenta
un
diámetro
de
1,20
metros,
es
de
cemento
y
reforzado
con
dos
cinchos
de
hierro. |
|
El otro poyete servía
para almacenar los
costales de grano o
harina, y presenta,
junto a la puerta del
fondo, un pequeño
escalón. Está realizado
con mampostería
recubierta de pizarra.
Junto al molino existe
una casa de grandes
dimensiones con
dependencias auxiliares
variadas (corralones,
cuadras, pajares,
etc...). Este fue uno de
los molinos que estuvo
operativo hasta hace
relativamente poco
tiempo, sin que se hayan
encontrado datos sobre
la fecha de su abandono.
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TÍA
TREINTA.- Se
localiza en la zona de
"La Vega", recibiendo el
nombre del apodo de su
última propietaria.
Se conservan sólo restos
ruinosos de pizarra, que
hacen difícil su
interpretación. La
acequia que le daba
servicio ya no lleva
agua. Al final de la
misma se vislumbra
parcialmente la entrada
de una cuba casi
totalmente oculta por
sedimentos. El
informador, Eduardo
Fariña, asegura que el
molino disponía de dos
juegos de piedras, dato
no corroborado por el
hundimiento de la
techumbre y parte de los
muros sobre la "sala
molino", y la gran
acumulación de basura
depositada por gran
número de visitantes en
esta zona del Gévora.
Nadie consultado
recuerda el
funcionamiento de este
molino.
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LA
VEGA.- Situado muy
cerca del anterior, un
poco más abajo y sobre
la orilla contraria del
río. Este molino se
encuentra derruido,
aunque aún persiste la
vivienda del molinero.
Funcionaba movido por el
agua de una caudalosa
levada sobre la que aún
se siguen pagando los
derechos de utilización.
El agua sobrante regaba
una huerta a espaldas
del molino.
Se
conserva la estructura, sin techo, de la
"sala molino", constituida
por una pieza, casi rectangular, donde
trabajaban dos juegos de piedras, de las que
se conserva "in situ" una solera de granito.
La obra de
pizarra, está recubierta interiormente de
cal y al exterior aparece la piedra desnuda
mostrando un aparejo de buena calidad. En la
entrada
de una de las cubas, se observa la
presencia, como elemento constructivo, de un
fragmento de granito que, por no ser
material propio del terreno, cabe
considerarlo como reaprovechado de otra obra
anterior. |

Dibujos: Luis Alonso Rubio Muñoz |
El último molinero fue
Manuel Silva Núñez, quien
lo heredó de su padre
Juan Silva Fernández.
Este molino tuvo mucho
movimiento y clientes
variopintos. La esposa
de Manuel, preparaba
calderos de migas y
fuentes de sopas de
patatas o tomates, según
la época del año, para
obsequiar a sus
clientes. |

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JOAQUÍN
GONZÁLEZ.- De este
molino queda muy poco.
Se encuentra un trozo de
pared en la esquina de
una huerta y la entrada
de una cuba. La
tradición es el único
elemento que nos ha
dejado entrever de la
existencia del molino.
Ni siquiera el señor
Joaquín, que cuenta más
de ochenta años,
recuerda haberle oído
comentar a su padre que
su abuelo le hablara de
cuando funcionaba el
molino, por lo que nos
hace suponer que su
última molienda ocurrió
hace más de cien años.
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LAS
JUNTAS DE ARRIBA O DE
CHOLA.- Construido
un poco más abajo de la
confluencia del Gévora y
el Gevorete,
circunstancia que ha
dado origen al topónimo
de "Las Juntas". Contó
con dos juegos de
piedras. Su estructura
original ha sido
sensiblemente alterada
al construirse sobre él
una vivienda de recreo.
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LAS
JUNTAS DE ABAJO O DE
PETERRE.-
Fue uno de los molinos
de mayor actividad en su
tiempo, dejando de moler
hace aproximadamente
unos treinta años. Sus
últimos propietarios
fueron los hermanos
Vicente y Manuel Sánchez
Cordero. El primero de
ellos, conocido como "Peterre",
dio también nombre al
molino.
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Dibujos: Luis Alonso Rubio Muñoz |
|
La
"sala
molino"
es
una
pieza
rectangular
en
la
que,
en
uno
de
sus
costados
mayores
se
disponen
dos
alfanjes
para
alojar
las
piedras.
Sólo
se
conservan
las
soleras,
ambas
francesas.
La
más
alejada
de
la
puerta,
única
que
dispone
de
rodezno
bajo
ella,
sirve
para
alojar
el
eje
que
da
movimiento,
a
través
de
un
juego
de
ruedas
multiplicadoras,
a un
generador
eléctrico
para
uso
doméstico.
Las
bóvedas
son
troncocónicas
por
aproximación
de
hiladas
de
pizarra. |
|
Su actual propietario,
Joaquín del Solar, ha
conservado lo que quedaba
de él y lo ha
acondicionado como
vivienda. |

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TAPADA
DE LOS CEREZOS O DE LOS
PIERNAS.- Los restos
que aún quedan en pie,
hacen difícil su
identificación como
molino. Emergen del
suelo montones informes
de pizarra con tierra,
parcialmente tapados por
la vegetación. Se
aprecia la entrada de
una cuba y se puede
intuir la existencia de
un canal casi cegado,
que llevaba el agua a la
construcción.
Se construyó bastante
alejado del río, por ser
la zona plana y sujeta a
inundaciones cuando el
río venía crecido.
Estuvo funcionando hasta
el año 1936. El actual
propietario del molino,
Justo Rodríguez, vivió
en su infancia algunos
años en él. Ya por
aquellos años el molino
no funcionaba y la "sala
molino" se utilizaba
como cocina. El único
juego de piedras que
tenía había sido
trasladado al molino de
"Peterre".
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EL
DUQUE.- Debe de ser
uno de los molinos más
antiguos y el único que
sigue funcionando, en
gran parte gracias a la
labor de restauración y
mantenimiento llevada a
cabo por su actual
propietario Justo
Rodríguez quien contó
con la ayuda de José
Viles, más conocido como
"Gerónimo". Su
construcción debe ser
posterior a 1509, fecha
en la que el II Duque de
Alburquerque concede una
serie de beneficios a
los habitantes de La
Codosera.
Su
estructura ha sufrido muchos cambios a
lo largo de los años. No sabemos si el
edificio, tal y como hoy se levanta, se
corresponde en su planta con la
original.
En
algunas zonas de la obra se observan
materiales reaprovechados,
como sillares de granito, también abunda
escoria de fundición y también
se localizan restos romanos, y se sabe de
la existencia de una necrópolis
de inhumación tardorromana o visigoda.
También se ubica en la zona,
hasta su derrumbamiento, el llamado
"puente romano", que unía ambas márgenes
del río Gévora. |

Foto:
Jose Eugenio Caballero Zamora
|
La
sencilla arquitectura
está compuesta de muros
de pizarra recubiertos
parcialmente con cal en
su parte exterior,
mientras que el interior
se muestra recubierto en
su totalidad. Los
materiales básicos que
se emplearon en su
construcción fueron: la
pizarra del terreno
unida con cal, el
ladrillo macizo, tejas y
granito. La edificación
se compartimenta en
cuatro espacios de
diferentes tamaños según
el uso, acabado y
tamaño.
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Molino del Duque. Construcción |

Dibujos: Luis Alonso Rubio Muñoz |
|
La
entrada
se
efectúa
a
través
de
una
puerta
sensiblemente
más
estrecha
que
otra
anterior
a la
que
se
le
redujo
su
vano
colocando
ladrillos
unidos
con
cal
y
que
da
paso
a
una
estancia
entrelarga
que
se
empleaba
como
cuadra
y
lugar
de
carga
y
descarga
de
los
costales.
El
piso
resulta
irregular,
y
pensamos
que
no
formaba
parte
de
la
obra
original,
sino
un
añadido
posterior
a la
misma.
Sobre
la
puerta
de
unión
con
la
habitación
contigua,
se
haya
grabada
una
inscripción
en
cursiva
"Molino
Figete". |
|
La sala a la que se
accede a través de esta
puerta si creemos
pertenece a la obra
original. Es una pieza
cuadrangular revestida
en su interior por cal
con sucesivas capas
superpuestas. Se debió
de utilizar como
desahogo para el
servicio del molino. El
suelo está más cuidado,
con un parcheo de arena
y cal que nivela las
pizarras del suelo. Ante
el muro situado frente a
la puerta hay un poyo
corrido, recubierto de
pizarra, que se usaba
para colocar sobre él
los costales y
preservarlos así de la
humedad. A la derecha de
la puerta, empotrada en
el suelo, hay una piedra
granítica de molino, que
se utilizaba para hacer
fuego sobre ella. Entre
esta y el muro que la
separa de la "sala
molino" se ve un sistema
de ruedas
multiplicadoras de
hierro unidas por el
mismo eje, que descansa
sobre dos estructuras de
ladrillo macizo. Estas
ruedas servían para
mover una máquina de
descascarillar arroz y
recibían la fuerza
motriz a través de unas
correas que colocaban en
torno a una de las
piedras volanderas del
molino. Para el paso de
las correas, se hicieron
dos orificios
cuadrangulares en el
muro que separa ambas
dependencias.
La
comunicación entre la pieza antes
descrita y la "sala molino" se
efectúa gracias a una puerta rematada en
su parte superior por un arco
de medio punto ligeramente rebajado. En
el origen de este, y uniendo ambos lados
de la puerta, se encuentra un travesaño
de madera que era empleado para colgar
de él la romana con la que se efectuaba
el pesaje
de los costales.
La
"sala molino" es también una pieza
cuadrangular. Su costado oeste está
ocupado por un poyo corrido, más bajo y
estrecho que el anteriormente descrito,
también recubierto de pizarra.
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|
Molino del Duque. Interior "sala
molino" |

Foto: Luis Alonso Rubio Muñoz
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En el lado opuesto de la
habitación hay otro poyete, al
que se accede por un escalón
bajo practicado en su parte
central, donde están los
alfanjes que servían de soporte
a los dos juegos de piedras de
que constaba el molino. Hoy solo
se conserva uno de estos (el más
cercano a la puerta). El piso de
pizarras y granito, está muy
bien conservado. La zona del harinal (donde cae la harina),
está sensiblemente rebajado. Los
muros presentan varias capas de
cal, en los que aún se pueden
apreciar algunas líneas
verticales, grabadas toscamente,
donde el molinero hacía
anotaciones correspondientes a
la contabilidad de los costales
molidos. Existe una pequeña
ventana en el muro que separaba
los dos juegos de piedras, que
además de iluminar el interior,
servía para controlar el caudal
de agua que salía por las
bóvedas. La techumbre de esta
sala resulta sensiblemente más
baja que la del resto del
edificio.
|
Molino del Duque. Rodezno,
Paraerao
y salida del Bocín |

Foto: Jose Eugenio Caballero Zamora
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|
De
los
dos
juegos
de
piedras
que
tuvo
en
su
día,
como
ya
dijimos,
sólo
se
conserva
uno.
La
piedra
fija
o
solera
de
ambos
es
de
granito.
La
superior
del
que
está
completo
es
de
las
denominadas
"francesas"
y se
acciona
por
el
movimiento
que
le
transmite
el
eje
motriz
conectado
con
el
rodezno.
El
actual
propietario,
tuvo
que
colocar
un
árbol
nuevo,
tanto
la
maza
como
el
palahierro
y
otro
rodezno.
El
que
en
la
actualidad
acciona
el
molino
procede,
lo
mismo
que
algunas
otras
piezas
del
molino
del
Sastre.
El
agua
viene
desde
la
"pesquera
del
Duque",
a
través
de
una
levada,
situada
tres
kilómetros
aguas
arriba. |
|
Destruida la levada
original, realizada a
base de pizarras, ha
sido sustituida por otra
de cemento más alta.
Junto al molino, se abre
en dos brazos para dar
servicio a ambas cubas,
en cuyas entradas hay
unas rejas o rastras
para evitar entrada de
cuerpos extraños que
pudieran dañar el bocín
o el rodezno.
En la "sala molino", el juego de
piedras aún en funcionamiento,
se encuentra rodeado de cambales
o guardapolvos que evitan en lo
posible la pérdida de harina por
espolvoreo. Enfrente se haya la
canaleta para que la harina
caiga sobre la espuerta o costal
colocado en el harinal. Junto a
esta asoma la vara metálica que
controla la paraera. Al otro
lado de las piedras está el
tornillo de alivio, conectado
con el puente de madera sobre el
que descansa el rodezno.
Sobre un caballete de madera de cuatro
patas, descansan las tolvas grande y
chica. La primera en forma de pirámide
truncada e invertida realizada en corcho
y con una capacidad aproximada de una
fanega. En su parte superior se
encuentra la sonaja.
La tolva grande deja caer el
grano, a través de su abertura
inferior, sobre la tolva
pequeña. Para evitar el grano se
acumule y deje de caer con un
ritmo regular, la tolva pequeña
recibe un constante movimiento
de vaivén que le proporciona el
atracador, mazo de madera que
salta sobre la volandera
accionado por los radios de
esta. Aquel está unido por un
travesaño de madera a la tolva
pequeña comunicándole así el
movimiento. De esta forma se
asegura la caída del grano en el
ojo de la volandera para ser
molturado. Para descascarillar
arroz se coloca entre ambas
piedras una plancha circular de
corcho, pues el contacto con
ambas piedras lo reduciría a
polvo.
|
Molino del Duque.
Conjunto
molienda "en la "sala molino"
|
|

Foto: Luis Alonso Rubio Muñoz |

Foto: Pedro Cordero Alvarado |
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|
Molino del Duque.
Conjunto
molienda con tornillo de alivio
|
|

Foto: Luis Alonso Rubio Muñoz |

Foto: Jose Eugenio Caballero
Zamora |
|
El conjunto del molino
se completa con una
pequeña estancia,
rectangular y muy
estrecha, situada junto
a la "sala molino". El
acceso se realiza
mediante una abertura
practicada en el muro
con posterioridad a la
obra original. El fin
para el que fue
realizada no está clara,
aunque se apunta a que
pudiese ser un troje o
almacén (hoy en día se
usa como trastero).
El Molino, no contaba con cabria ó grúa para
levantar la piedra volandera para su picado o
sustitución, por lo que el proceso a seguir era:
Primeramente se
acciona el tornillo de alivio para
separar ambas piedras
lo más posible. A
continuación se coloca una cuña de
madera, y con ayuda de una palanca de
hierro, se va levantando la piedra para
ir introduciendo cada vez cuñas de mayor
tamaño. Cuando la separación lo permite,
se coloca entre ellas el "rodillo de los
mil kilos", denominado así por ser
este el peso aproximado de esta piedra
cuyo diámetro es de 1,19 metros. El
rodillo es una pieza cilíndrica de
madera con una escotadura central. El
siguiente paso consiste en introducir un
palo largo, a modo de palanca,
por el ojo de la piedra y con la ayuda
del rodillo irla arrastrando poco a poco
sobre la solera hasta el borde del
alfanje. Auxiliándose con otros palos
comienza entonces a bajarse, con sumo
cuidado, sobre el harinal.
Se procede después a su volteo para
picarla con ayuda de la maceta. Para
colocarla de nuevo en su sitio se
desarrolla el proceso en sentido
inverso.
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Molino del Duque. Proceso de volteo de las
piedras |

Foto: Luis Alonso Rubio Muñoz
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Este molino se ha conservado y
salvado de la destrucción
gracias a la pericia y tesón de
una persona que lo mantiene vivo
gracias a su propia iniciativa
particular. Como detalle
curioso, nos cabe señalar que en
la huerta aneja se ha sembrado
arroz, para que los visitantes
observen sobre el terreno como
se descascarillaba este cereal
en estos viejos molinos, durante
los pasados tiempos.
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SEÑOR
DIONISIO.- Era uno
de los molinos que
ocupaban las denominadas
"vegas". Se alimentaba
con la levada procedente
del "Molino del Duque".
Debió de moler como
mucho hasta los años
treinta o cuarenta.
Estando en
funcionamiento el acceso
al mismo era muy
dificultoso (para llegar
a él había que bajar una
pronunciada pendiente,
que se hacía más
incómoda para los
animales de carga cuando
tenían que subirla
cargados con los
costales). Fue
abandonado y derribado
parcialmente para
aprovechar el terreno
como huerta.
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EL
PUENTE O DE LOS RUBIO.-
Este molino estaba
situado en el extremo de
la denominada "Tapada
del Puente", junto al
localmente conocido como
"Puente romano". Era un
molino pequeño, de
pizarra y cal. Su
estructura estaba
dividida en dos
espacios. Cerca del
lugar (sobre los años
setenta), y una vez el
molino abandonado, se
construyó un chalet.
En
la cocina de la casa
construida por la
familia Rubio,
sobre 1917, en el pueblo,
se colocó una de las
piedras de granito
(seguramente ya
inservible),
que
habían trabajado en el
molino. Se trata de la
muela de mayor tamaño de
cuantas hemos localizado
en La Codosera ya que
presenta un diámetro de
1,30 metros.
Originalmente el molino
tomaba el agua de una
pesquera existente algo
más arriba de su
ubicación, pero esto
trajo problemas de
inundaciones de "Las
Vegas", cuando embalsaba
agua, por lo que hubo de
destruirse la citada
pesquera. Su
desaparición pudo
deberse a su proximidad
al río que todos los
años, con sus avenidas,
lo inundaba provocando
en ocasiones cuantiosos
desperfectos.
La última fecha de la
que hay constancia de su
funcionamiento se
remonta al año 1917
(aunque informadores nos
aseguran que estuvo
trabajando por lo menos
hasta antes del año 1940).
El funcionamiento era de
manera intermitente y su
uso era
la
de moler el cereal
para la familia.
Su
último molinero fue
Joaquín Serrano.
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BAO
PENACHO.- Se
localiza muy próximo al
cauce del río, en una
zona llana y expuesto a
las inundaciones. Solo
se puede ver hoy en día
la entrada de una cuba,
seguramente la única de
que dispuso. La obra es
muy sólida,
cuadrangular, y de
altura aproximada de
unos 1,10 metros,
reduciéndose
paulatinamente hasta
llegar al bocín. en el
interior de la cuba se
emplearon distintos
tipos de materiales. La
parte superior es de
placas y pizarra, los
laterales de guijarros
recubiertos con arena y
cal y el piso es también
de guijarros. El final,
antes de llegar al
bocín, es en todas las
caras de pizarra. De la
"sala molino" no queda
nada y en lugar donde
supuestamente estuvo, se
levanta ahora un tupido
cañaveral.
El molino se alimentaba
a través de una
magnífica acequia
realizada con guijarros
unidos y recubiertos al
interior del canal con
cal. Atraviesa una zona
de huertas y se emplea
todavía para el riego de
los predios inmediatos.
No se conserva memoria
de su funcionamiento e
incluso su denominación
resulta confusa.
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CABALLERO
O ZAHURDÓN.-
Está ubicado en la zona
de contacto entre las
huertas y la repoblación
de eucaliptos llevada a
cabo a mediados de la
década de los años 60.
Perteneció a la familia
de los Caballero,
vecinos de La Codosera,
quienes lo mantuvieron
en funcionamiento hasta
hace aproximadamente
unos sesenta años.
Después se empleó el
edificio para guardar
ganado y como refugio
ocasional de pastores.
Se trata de una obra de
tamaño mediano, con su
estructura de pizarras
unidas con cal y barro y
con un revoco interior
de cal. El techo ha
desaparecido, así como
parte de sus muros. El
edificio lo componían
tres estancias de
distintos tamaños,
siendo la mayor de ellas
la "sala molino".
Al estar todo recubierto
de maleza, se nos hace
difícil interpretar la
obra. Aún así, se puede
apreciar un poyo corrido
que ocupaba todo el
flanco sur de la pieza y
que sirvió de soporte a
los dos juegos de
piedra.
En
el lado opuesto se observa una estructura
semicircular,
a modo de túnel, realizada en ladrillo y que
se corresponde con una de las cubas. Cerca
de esta, una plataforma escalonada oculta la
otra cuba. La habitación disponía de dos
ventanas, una en su lado oeste y otra,
pequeña y orientada al mediodía, sobre uno
de los juegos de piedra y
que serviría para controlar el caudal que
salía por las bóvedas. En el exterior de la
pieza se localizan las entradas de las
cubas. Son dos construcciones abocinadas, de
ladrillo, recubiertas exteriormente de
cal y arena. |

Dibujos: Luis Alonso Rubio Muñoz |
De la "sala molino", y a
través de una puerta
localizada junto a su
esquina noreste, se
accede a otra pieza,
casi cuadrada, que ha
perdido parcialmente sus
muros. En el situado en
su costado norte hay una
puerta que la comunicaba
con la pieza contigua.
Esta es una habitación
rectangular, con acceso
independiente desde el
exterior, que pudo
servir de vivienda o
alojamiento temporal del
molinero.
El molino recibía el
agua de una levada
excavada en el terreno y
que aún hoy resulta
visible. Al llegar junto
al edificio, un muro
perpendicular a este y
situado entre la entrada
de ambas cubas, dividía
la corriente en dos.
Este último tramo
aparece recubierto de
pizarras y cal para
permitir un mejor acceso
del agua hacia los
rodeznos. |

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LA
CHANGARRILLA.- Su
propio topónimo indica
que fue un molino
provisional, hecho con
materiales perecederos,
que se levantaba durante
el verano para realizar
la molienda.
Junto a "La
Changarrilla" se levanta
una casa edificada, casi
con toda seguridad,
sobre lo que fue un
molino hoy en día
desaparecido. Se trata
de una construcción
relativamente moderna.
No obstante, junto a
ella pasa una levada, en
la actualidad totalmente
seca, que pudo servir
para mover este ingenio.
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LOS
BATANES.- Los
batanes eran edificios
en cuyo interior se
instalaban uno o varios
mazos, movidos por la
fuerza del agua, cuya
finalidad era la de
enfurtir paños y darles
apresto. Su estructura
era abovedada. Se
localizan en La Codosera
hasta tres batanes, sin
excluir la posibilidad
de que alguno de ellos
se asiente sobre otro
anterior, y de que
también alguno se
transformara
posteriormente en molino
harinero. No podemos dar
fecha de la construcción
de ninguno de ellos,
pero nos atrevemos a
atribuirle al mas
moderno no menos de
ciento cincuenta años.
Los números I y II
debieron alimentarse con
la misma acequia que el
molino de "La
Changarrilla", mientras
que el III lo hizo,
hasta hace muy pocos
años, gracias a una
pesquera o represa, hoy
desaparecida, existente
aguas arriba y que
siempre se conoció con
el nombre de "Pesquera
de la Chandarrilla".

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EL
BATÁN I.- Lo único que nos
permite ver en él los restos de
un posible molino o batán
anterior es la entrada de una
cuba, casi totalmente cegada,
existente en su muro norte.
Actualmente es una cuadra y
donde debieron encontrarse las
salidas de las bóvedas permanece
oculto por unas edificaciones
posteriores que se levantaron
allí. Lo que se conserva
presenta una estructura
rectangular de pizarras unidas a
hueso. |
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Dibujos: Luis Alonso Rubio Muñoz |

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EL
BATÁN II.- Está transformado
en vivienda, no conservando nada
que pueda relacionarlo con su
antigua utilidad. En su flanco
oeste se conserva la entrada de
dos cubas, como así mismo dos
antiguas puertas (cegadas en la
actualidad). En la "sala
molino", se encuentra una
cocina. Bajo ella se ve la
salida de las bóvedas, formadas
por dos túneles abovedados de
pizarra y canto de río. Donde
estaban los rodeznos, afloran
pizarras que emergen del suelo.
La bóveda derecha (mirando desde
el exterior hacia ellas), tiene
un soporte o machón de pizarra
en el centro. No se conserva
ninguno de los rodeznos. En la
de la izquierda se observa un
bocín de piedra. |
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Dibujos: Luis Alonso Rubio Muñoz |
Los restos de este
molino o batán, junto
con el anterior,
pertenecen actualmente a
los hermanos Francisco y
José Carballo Velo que
viven en él.

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EL
BATÁN III O MOLINO DEL SASTRE.-
Tiene una estructura abovedada
de medio cañón como cubierta. La
bóveda es de ladrillos,
alternando con pizarra y canto
de río, todo ello unido y
recubierto con cal.
La
"sala molino", única pieza de la
construcción, es rectangular con
el lado estrecho opuesto a la
entrada rematado de forma casi
semicircular. El costado derecho
de la sala está ocupado casi en
su totalidad por un poyo corrido
sobre cuyo extremo del fondo se
abre una pequeña ventana. Otro
poyo igual, se encuentra en la
zona semicircular. En el lado
izquierdo sobre una estructura
de obra rectangular, estaban los
dos juegos de piedras conque
contaba este molino. |
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Dibujos: Luis Alonso Rubio Muñoz |
El
más próximo a la puerta
está compuesto por dos
piedras artificiales, es
decir, realizadas con
trozos de piedra
abrasiva unidas con
cemento. a su lado están
los agujeros de la
paraera y el alivio. El
otro juego no está
completo, faltándole la
solera y la volandera,
francesa, se encuentra
fuera de su sitio y
recostada sobre uno de
los poyetes. Frente a
cada uno de los juegos
de piedras se encuentra
una pequeña ventana y
entre los dos, uniendo
los arranques laterales
de la bóveda, un madero
cruza de lado a lado la
habitación. Este servía
para sujetar la cabria
utilizada para levantar
las piedras.
En un momento difícil de
determinar, la obra
original se transformó
en molino. Los mazos
fueron sustituidos por
dos juegos de piedras y
comenzó a desarrollarse
su nueva actividad
industrial.
A la izquierda de la
puerta de acceso una
pizarra de grandes
dimensiones, atravesada
en el rincón, servía
como base de la campana
de una chimenea. Esta se
dejó de utilizar cunado
bajo ella se construyó
un poyete de ladrillo
que servía de soporte a
un juego de ruedas
multiplicadoras que, a
través de una correa,
recibían el movimiento
de las piedras del
molino y lo transmitían
gracias a unos agujeros
practicados en la pared
a una máquina
descascarilladora de
arroz situada en la
parte de fuera del
edificio. Una pequeña
alacena para guardar
herramientas, en el muro
junto a la puerta,
completaba el
mobiliario.
Bajo la "sala molino" se
disponen dos amplias
bóvedas cuya salida es
adintelada. No tiene
rodeznos y el último fue
trasladado junto con la
descascarilladora de
arroz, al molino del
Duque.
Al exterior, la obra se
presenta con aspecto muy
recio, con una fuerte
capa de cal y arena, más
gruesa en la parte que
da al río. La cubierta
es a base de tejas que
se disponen sobre la
parte superior de la
bóveda. En uno de los
extremos del tejado hay
aún restos de un
palomar, a los cuales se
accede a través de
pequeños escalones
tallados en su pared.
El agua la tomaba de la
pesquera de "La
Changarrilla". De aquí
partía una caudalosa
levada cruzada por un
pequeño puente de
ladrillo. La pesquera se
destruyó a comienzos de
los años ochenta. La
levada y la entrada de
agua a las cubas se
llenaron de sedimentos,
y el puentecillo se
derrumbó.
El molino estuvo en
funcionamiento hasta los
años 1975 ó 76, y su
último molinero fue José
Carballo, hijo del Señor
Joaquín Carballo más
conocido como "Bailabien",
que simultaneaba su
oficio con el de pastor. |

Luis Alonso Rubio Muñoz
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