Bienvenidas sean, gentes de
La Codosera
y de más allá de este bendito lugar

 

     Como suele suceder en gran parte de los pueblos, en La Codosera han existido una serie de personajes que se hicieron populares por diversos motivos. Desde la década de los años de 1.930, podemos citar a varios de ellos, algunos conocidos por sus motes:

   El señor Gadella, de profesión relojero, encargado de darle cuerda al reloj del Ayuntamiento. Dada su afición a la bebida, el reloj estaba más veces parado que en funcionamiento. 

   Entre los niños se hizo popular Berimba, jovenzuelo de 16 ó 18 años, el cual poseía una trompeta de arcilla echa por sus propias manos, con la cual (cuando el hambre apretaba), se paseaba por el pueblo haciendo sonar el instrumento y organizando conciertos adornados con volteretas y cabriolas que hacían las delicias de los niños y del público asistente, al final de los cuales pasaba la gorra pidiendo limosna o sobras de comida (cuscurros de pan, tajadas de tocino o trozos de morcilla, sardinas, arenques y algunos frutos de la temporada). Un día que la colecta fue escasa se enfadó, rompió la trompeta y se la comió delante de todo el mundo. "Sabe a cochambre ", murmuraba, mientras intentaba deglutir el triturado caramillo.

   Mingo Jaulera, era otro jovenzuelo de la localidad, que se ganaba el sustento, haciendo recados y sirviendo de guía a los escasos forasteros que por el pueblo se acercaban.

   En el comienzo de los años de 1930, de vez en cuando, se acercaban al pueblo algunos visitantes en automóviles, y Mingo se colgaba de la gran rueda de repuesto que dichos vehículos llevaban en el exterior, y no se bajaba de ella hasta que el automóvil abandonaba las calles de la villa.

   Cuentan que en una ocasión, el coche abandonó la localidad y no paró a la salida del pueblo para que Mingo se apeara (como hacían todos los demás conductores), y tuvo que ir colgado de la rueda (tragando polvo, aguantando baches y muerto de miedo) hasta Badajoz, teniendo que volver al pueblo a lomos de un burro, propiedad de un paisano, que había ido a vender unas cargas de cal a la capital, y lo vio lloroso, mohíno y acobardado, devolviéndolo
a su pueblo que nunca debería de haber abandonado.

   El tío Julianín, era un personaje que ejercía como guarda jurado de los Rubio y de los Mero.

   Era un hombre muy bajito (mediría entre 110 ó 120 centímetros), y por esta causa, siempre llevaba encasquetado un sombrero con escarapela (acaso para aparentar más estatura) y una bandolera de cuero crudo, atributos propios del guarda jurado. Su forma de hablar era muy pomposa y redicha, y estaba muy apegado a su autoridad. Cuando hablaba sus muletillas más usuales eran, entre otras: " Dicho está ", y también: " ¡Hay que darse cuenta lo que sufrimos todos los que pertenecemos a una institución armada! ".

   A estos personajes se les unían, Paula la Tonta, el tío Antoñín, Raballaum, Matacobra y Caraquemá, al cual se le habían formado en los pies grandes callosidades, a consecuencia de haber andado descalzo toda la vida, y con las cuales pisaba erizos, apagaba las brasas, andaba sobre el hielo o sobre materias cortantes y otras cosas similares sin sufrir ningún dolor.

   De todos estos personajes populares ya había hablado y descrito D. Juan Manuel Trenado Serrano en su obra "Memorias", terminada en 1992.

   Pues bien, estos y otros personajes menores, eran los que formaban la nómina de los entretenedores del vecindario, dado que la existencia, en aquellos años (en los que no existían más que la taberna, el juego cartas y los bailes de los domingos y festivos como único medio de diversión) era un tanto aburrida y monótona.

   En la actualidad, aún siguen viviendo personajes singulares en La Codosera, entre ellos Telesforo el Clato, personaje de más de 40 años, que vive solo en el campo en la campiña del Gévora, comía raíces (hoy en día come de todo), y rehúye el contacto con toda persona a la que no conoce, es desconfiado y huraño, con ojos acuosos y mala salud.

   Vecina suya la Señora María, mujer de más de 80 años, viuda y con un hijo, vive rodeada de animales de granja, nunca ha leído un periódico y viven apartados de todo lo que supone la modernidad de nuestros tiempos actuales.

VIEJOS OFICIOS

   Los viejos oficios en La Codosera (hoy en día casi todos desaparecidos), dieron lugar en sus tiempos a una forma de pervivencia y subsistencia para el que los desempeñaba. Muchos de ellos son desconocidos para la mayoría de la juventud codoserana y los citaremos por actividades:
 
 - Pescadores  - Herreros  - Conductores  - Practicantes  - Porqueros
 - Pescadores Ranas  - Herrador  - Viticultores  - Carniceros  - Guardas de campo
 - Cazadores  - Acordeonistas  - Heladeros  - Posaderos  - Molineros
 - Zahoríes  - Zapateros  - Gaseosas y Sifones  - Carpinteros  - Manteros
 - Torneros  - Pintor Diseñador  - Churreras  - Arrieros  - Estiércol
 - Bayones  - Panaderos  - Aceites  - Albañiles  - Curanderos
 - Silleros  - Dulceras  - Harina  - Electricista  - Carboneros
 - Bordadoras  - Relojeros  - Recoveros  - Capadores  - Pescaderos
 - Costureras  - Fotógrafos  - Policías  - Pregoneros  - Cines
 - Peluqueros  - Mecánico  - Camiones  - Mimbreros  - Jugadores cartas
        - Peladores y esquiladores       - Venta ambulante local    - Mochileros

   PESCADORES.- Este era uno de los oficios más antiguos. En La Codosera, los pescadores del río Gévora, cuenca de aguas abiertas, se pescaban gran variedad de peces: truchas de calidad contrastada desde hace siglos, anguilas y un largo etcétera, los cuales eran ofrecidos (todavía saltando y boqueando en las cestas),
para su venta, a los posibles compradores; y luego los pesaban en las "romanas"       (balanzas con un plato de hierro), que siempre estaba salpicado de escamas moteadas.  

   Entre los pescadores mas conocidos de La Codosera contamos a: El Tío Güi, El Rato (El Manco), Foro (Clato), Los Liebres, varias familias: Juan. Félix, Mini y Paulino.


   PESCADORES DE RANAS.- La rana (sobre todo sus ancas), es un manjar exquisito
para muchos paladares, y rebozadas en huevo, harina y fritas, constituyen un "bocado
de cardenales".

   En esta villa existían varios pescadores de este batracio, entre los que destacaba: Tomás Facallo.


   CAZADORES.- La Codosera, siempre ha sido una zona abundante en caza desde el principio de los tiempos (por su orografía, clima y situación). La caza, en las pasadas épocas de escasez, solucionaba muchos problemas y quitaba mucha hambre. El arte de la montería se practicaba de diversas formas: con lazo, con hurón o con armas de fuego (escopeta o rifle), bien al rececho (o al aguardo), bien al salto, etc.. Se cazaba, en los años del hambre, todo lo que se movía y que fuera susceptible de ser ingerido, sin importar su color, olor o sabor, ya fuera de pelo o ya de pluma, como: patos, liebres, conejos, perdices, corzos, jabalíes, codornices, zorros, tórtolas, etc..

   Entre nuestros cazadores de más renombre tenemos que resaltar a: Maseo, Churro, Albarrán, Germán, Lucas, Cipriano, etc....


   BUSCADORES DE AGUA: ZAHORÍES.- Los zahoríes son personas a las que se les atribuye la facultad de descubrir lo que se encuentra oculto, especialmente manantiales de aguas subterráneas, venas metalíferas, , etc...Para encontrar el objetivo que se proponían se valían de una vara o de un péndulo. Se les llamaba, cuando de él había necesidad, para saber el lugar exacto por donde discurría la corriente de agua subterránea y el sitio preciso en que había que excavar para abrir algún pozo, etc..  

   Entre los zahoríes más renombrados de nuestra villa se encontraban: José Calderero, Antonio Bicho Cardoso y Enrique (de la Tabla).


   TORNEROS.- Como su nombre indica, eran los especialistas en el manejo del torno, entre ellos: Cotrina, Eduardo el carpintero, Chalante, López.....


   BAYONES.- Recibían este nombre específico en nuestro pueblo, los encargados de poner los asientos que se deterioraban a las sillas antiguas de anea, sentones que eran de uso común en los pasados tiempos.La anea es una planta parecida a los juncos, que alcanza hasta dos metros de altura y crece en los lugares pantanosos de nuestros ríos.

   Entre los bayoneros de nuestra villa destacamos a: Chalante, López, el Afogao, Foro y Pucherete.


   SILLEROS.- A diferencia de los bayones, estos operarios eran los que fabricaban las sillas (como es lógico de suponer). Entre ellos citaremos a: López (padre e hijo), y a Foro.


   BORDADORAS.- Las bordadoras se dedicaban a hacer encajes, recamados, ornamentos de mantelerías, en los juegos de camas, camisas y camisones para dotes, etc.. También había mujeres (que en grupos), hacían encajes de bolillos y puntillas. Así efectuaban primorosas labores, sobre aquellas almohadillas, llamadas "acericos", porque era donde sobre ellas se clavaban los alfileres y agujas que sostenían los hilos con los que se formaba la labor.

   En muchos pueblos los bordados se hacían sobre un tambor (bastidor circular de origen chino), aunque la costumbre se va perdiendo por la introducción de la maquinaria, que realiza los bordados mecánicamente.

   Entre las bordadoras destacaremos a: Paula la Rola y a Rosa Pérez.


   COSTURERAS (MODISTAS).- Las modistas (o costureras) cosían por encargo, tanto los trajes de los caballeros, como la ropa de los niños: calzonas cortas, bombachos, etc.., pero, principalmente, su tarea era la confección de los vestidos de las damas.

   Citamos entre otras a: a la señora Rosina, Quica Camacho, Asunción, Angelita la Godoa, Isabel Gómez (Marisabel), Petra Margullón, Pili, Catalina (la Gallina), señora Inés Bermejo, Antonia Salgado, María la Carolina, las hijas de Correa. Entre los sastres recordamos a Beltrán Camello.


   PELUQUEROS/AS Y BARBEROS.- La función de los barberos en los pueblos, ha sido muy variada. Ante la escasez de médicos y practicantes, también realizaban las tareas de sanitarios. Casi todos aparte de cortar el pelo y de afeitar, sabían como extraer muelas, realizar una sangría, poner inyecciones y hasta actuar de comadronas asistiendo en los partos. El oficio de cirujano, era poco respetado por la clase médica, y por eso de estos menesteres se encargaba el "cirujano barbero".

   Entre los barberos de la villa destacamos a: Antonio López Morcillo (el Chili), Juanito Pilá, Modesto Herrera, José Díaz, Santos Pineda, Manuel Silva, La Coracha y Leocadia, estas dos peluqueras.


   HERREROS.- Ha sido de los oficios más importantes del pueblo. Nuestros herreros eran capaces de realizar toda la gama completa de los trabajos que conlleva la forja, entre ellos: el caldeo, el modelado, la soldadura, los tratamientos y el acabado. Hoy en día tan solo quedan pequeños talleres, donde tan solo la cerrajería y la forja artística sobreviven.

   Las fraguas, con sus muelles insuflando aire al hogar donde el carbón mineral ponía al rojo blanco el acero de los útiles del campo, que los herreros, con el torso resudoso y sus musculados brazos, forjaban,, en las bigornias, a golpe de mazo, han dejado paso a los especialistas de las grandes industrias metalúrgicas, que utilizan: martillos mecánicos, prensas de forjar,, matrizadoras, etc..

   Entre los viejos y conocidos herreros del pueblo destacamos a: El tío Antoñí, Faustino Nicolás Fernández, Manuel Alves Gallardo, Luis Olmo Amores, Pedro Nieve y su hijo (el Pajarino), Vicente y Felipe Gamero.


   HERRADOR.- Se encargaban de fabricar y poner las herraduras a los cuadrúpedos que estaban al servicio del agricultor: caballos, mulos, burros, bueyes, etc..

   Había varios establecimientos en la villa dedicados a este menester, como los de: Agustín Costo, José Vélez (Pepe Malaque), Dionisio Nicolás Vélez, Simón el Montareco
y Francisco López Camacho.


   ACORDEONISTAS.- Para amenizar los bailes en el pueblo, como era muy difícil contratar una orquestina (eran escasas y demasiado caras), eran los acordeonistas locales los que se encargaban de mantener animado el baile dominical y cualquier otro tipo de fiesta que se celebrara a nivel familiar o local: bautizos, cumpleaños, bodas, etc..

   Entre los acordeonistas con más renombre del pueblo mencionaremos a: Los Clementes (que eran 3 hermanos), Sequena, Sico Mende, Sico Sofista, Jorge Parrondo, José Araña (en La Tojera), Baranda, Prisa y Juan Parrondo.


   ZAPATEROS.- Los zapateros en La Codosera, no solo se dedicaban a reparar el calzado, sino que también con sus herramientas: Hormas ("precisa o necesaria", "tabla"), escofina, alicates, tenaza de montar, cuchilla, sacabocao, bisagra, embajador, compás, patrones, suelas rastreras, cáñamo, "serote", "sera", pez, martillo, piedra de "masetear", cartabón, tirapié, tabla de "enfrená", tabla de cortar, tijeras, triángulo, hierro de "remachá", máquina de coser o "apará", moldes, roleta, máquinas de poner ojetes, , máquina de remaches, "lesnas" (hueca, "apará...), tintas, puntas de 18 clases, agujas, "semence", patacabra-pestañero, cuchillas, etc.....; eran  maestros artesanales capaces de fabricarlos (zapatos, botas, cinturones, etc..).
 

El último zapatero de La Codosera ha sido Pablo López Aparicio. Anteriormente funcionaban las siguientes zapaterías:

 - Maestro: Manuel Gómez Rollano
 - Aprendices: Juan Gómez Escarmena (Nini), Pablo López Aparicio, Fermín Quinientos,
                 Lorenzo Vélez Borrajo Y Benito Galea.

 - Maestro: Ramón Simón Cordero (el Cojo Preferente)
 - Aprendices: Pablo López Aparicio y Ramón Vélez Castaño (Moni).

 - Maestro: Plácido Carreta. Sus alumnos presumían de haber ido "a la escuela de
              Carreta"

Pablo López Aparicio.
Último zapatero de
La Codosera

   Otros zapateros: El Relámpago (Joaquín y su hijo), Cucuino (Manuel Manzano y su padre), Escarpín (Juan de la Cruz Esquitin), Joaquín Marques (Lucas) y su hijo Antonio, José Correa Rivero, Lorenzo Vélez Borrajo, Antonio González Rivero y su hijo Manuel González Tardío, Alejandro (C/ Gerardo Gómez), José (en El Marco), Juan de la Azucena (en Bacoco) y Avelino Fuerte.


   PINTOR DISEÑADOR.- Marino Alonso y su hijo. Diseñador de casi todos los anagramas de las empresas de La Codosera y José María Vega, diseñador gráfico.


   PANADEROS.- Pedro Moreno (C/ Otero), Juana la del Horno (C/ Rica) y Leocadia Camacho.


   DULCERAS.- La Biñolora (Francisca Manzano), la Pórtola, María la Caca, Sebastiana, Visita, Ana Ferrera (en La Vega), Leocadia Camacho y María la Bichina.


   RELOJEROS.- Gadella (célebre personaje del que ya hemos hablado anteriormente acerca de su afición) y el Tío Alcalá.


   FOTÓGRAFOS.- Iban armados con aquellas viejas máquinas de retratar, que tenían un fuelle, una perilla de goma en el disparador, y provistos con las placas de magnesio, que al ser deflagradas cuando faltaba la luz solar lo llenaban todo de humo y de cenizas. Cumplían su trabajo (nada fácil en aquellos tiempos), de inmortalizar con sus retratos, ciertos momentos, transformándolos en recuerdos permanentes para la posteridad.

   Entre los fotógrafos locales destacamos a : Hilario Caldito Parra (Caldito), Carlos Delgado (Sandalio), Luis Álvarez Pulido (Caganío), José Carolina y Quintín Jiménez Calado.


   MECÁNICO.- Destacamos en esta rama a Felipe (Felipe Simón Cordero). Eran tales habilidades y los conocimientos mecánicos de nuestro paisano, que arregló, poniendo nuevamente en disposición de volar, una avioneta que, debido a una avería mecánica en el motor, tuvo que realizar un aterrizaje forzoso en Valleseco. Este suceso tuvo lugar sobre el año 1930.


   CONDUCTORES PROFESIONALES.- Juan Santos (Cagancho) y Ramón Macías.


   VITICULTORES.- En La Codosera, existen pocas viñas, y las que hay son aprovechadas solamente por algunos vecinos que se dedican a cosechar la uva, para en sus bodegas hacer vino para consumo familiar.

  Entre ellas se recuerdan las bodegas de: Rafael Tomba, Brigidín, Alonso Rubio, Vega, Venturina, Manuel Tojera y Tomás Mero.


   HELADEROS.- Antaño en La Codosera (como en el resto de los pueblos de España), los heladeros en la época del verano, iban recorriendo las calles del pueblo
(en las ferias sobre todo), con sus carritos en los cuales llevaban barras de hielo, a la que rascaban con un aparato de hojalata acumulando en su interior hielo picado al que, tras insertarle un palito en una de sus bases, prensaban con una especie de mazo de madera, añadiéndoles después un líquido azucarado, cuyo color-sabor podías elegir: fresa, menta, limón piña, melocotón, etc...El importe de aquel rústico polo era de
10 céntimos de peseta (o una perra gorda).

   Entre los heladeros locales contamos a: Hilario Caldito Parra (Caldito),
Ramón Beltrán (Pajarino), Domingo Doblado y Quintín Jiménez Calado.

Isaac García Quintero y su madre Angelita (de Millán)con su máquina de helados y cesta de churros..


   GASEOSAS Y SIFONES.- En La Codosera, se fabricaban para su venta, gaseosas envasadas en fuertes botellas de cristal verdoso, con un tapón hermético de loza y alambres, en cuyo interior se insertaba una bola de cristal para que no "perdieran fuerza", ni se les escapara el gas que llevaban en disolución.

   Aparte de para la bebida, estas gaseosas eran utilizadas por algunos para pescar fraudulentamente en nuestros ríos. Se introducía en la botella carburo, le ataban a
una piedra para que bajara hasta el fondo, cuando la tiraban al agua. El carburo del interior de la botella, al entrar en contacto con el agua hacía funcionar la canica impidiendo la salida de los gases, por lo que se producía, instantes después, la detonación de la botella, explosión que aniquilaba a los peces que alrededor del
artilugio se encontraran.

   De nuestra villa citamos a: David González, Luis Olmo Amores, Helados, Hielos, Gaseosas... "La Fresca" de Quintín Jiménez Calado (La Isla).


   CHURRERAS.- En nuestra villa podemos citar a las siguientes churreras: Biñolora (Francisca Manzano), Angelita Román Rastrollo, Angelita (de Millán), Natividad Vélez, María La Churrera y a Dolores Gómez.


   ACEITES.- En La Codosera se ha producido siempre un aceite de oliva de notable calidad, los olivos han sido justamente alabados por todos desde la antigüedad.

   Destacamos a: Manuel Berrocal Videla (La Isla), que continuó Joaquina la Berrocala, Ventura Mero (C/ Rica), Lagar de Carilla, Lagar de Alonso Rubio, Lagar del Tío Seco, Lagar del Tío Fronteriña, Lagar del Tío Tojera, etc...


   HARINA.- La fábrica de harina de la que tenemos constancia, comenzó a funcionar sobre el 1918, y cuyo dueño fue Manuel Berrocal Videla


   RECOVEROS.- Los recoveros, recorrían parte por parte los caseríos y los lugares aislados con sus caballerías (recuas), al objeto de comprar huevos, gallinas, pollos, pavos, lechones y otros géneros de productos, con el fin de revenderlos posteriormente en los lugares de consumo.

   Entre los recoveros de los que conservamos memoria contamos a Millán (Quintero), Pedro Canito, Vicente Aceitero, Matamoro. Manuel Siva, Telesforo, Tuerto Roque, Agustín Gómez Martínez, Modesto Gómez Martínez, Alonso Santos Leonardo (chaparrín), Ceferino Santos (Manoto), Antonio Santos (Manoto), Francisco Santos (Manoto), Isidoro Carrión Pedrero, Martín Carrión, Felipe Carrión, Manuel González Cordero, Felipe el Albarrán (que vendía los productos cargando él con las cestas) y David Camacho (que también portaba las cestas).


   POLICÍAS.- Conformaban el puesto de policías: José Núñez Guisado (el Policía), Carlos Pasalodo, José Camacho y Don Vitoriano.


   CAMIONES.- El servicio público de camiones, estaba compuesto por: Adolfo Fernández Martín, Pablo Fernández Alvez y Agustín Barroso Blanco (F.A.M.A.)


   PRACTICANTES.- Los practicantes de la villa eran: Doña. María y D. Mariano Alberto Peinado.


   CARNICEROS.- Era un oficio de mucha importancia en las localidades, sobre todo en los pueblos donde no había Carnicerías Municipales. En nuestra villa había que confiar en la honradez del carnicero fiándose del buen estado en que se encontraran las carnes puestas a la venta (no se pasaban entonces controles para prevenir enfermedades como: tuberculosis, triquinosis, quistes, parásitos, etc..).

 Al no haber mercado de Abastos, los carniceros de la población vendían sus productos en la calle: Plaza de la Fuente, donde ubicaban cada uno su tenderete debajo de los frondosos árboles (madroños), que hay allí plantados.

   Son dignos de recordar en nuestra localidad los viejos carniceros que destacaron en este oficio; son sus nombres: José Vélez (Barulla), Pedro Vélez (Barulla), Pablo Vélez (Barulla) y José Santos (Churro).


   POSADEROS.- En el año 1791 solo existía una Posada en La Codosera y de muy poca cabida, pero curiosamente esta es una de las dos casas blasonadas que nos encontramos en el pueblo. lleva un esgrafiado, bajo el emblema de la fachada, en el que se puede leer: "POSADA DEL Isor SEÑOR DUQUE AÑO 1799". Es una casa de dos plantas.

   Entre las viejas posadas de la villa citaremos a: Posá de Millán, Posá de Juan Camacho, Posá de Teleforo, Posá de David González, Posá de Manuel Bado, Posá de Manuel Píriz (Posá=posada).


   CARPINTEROS.- En los años de 1950 había en La Codosera grandes maestros de la madera, que hacían de su trabajo verdaderas obras de artesanía. Aún se conservan viejos talleres de carpintería donde se fabricaban enormes ruedas de carros de madera, muebles de diversas clases y usos, puertas, ventanas, etc...

   Esta profesión ha ido perdiendo importancia y ha caído en desuso, por la aparición del aglomerado, el aluminio y la construcción metálica.

   Entre los carpinteros de aquellos tiempos podemos hablar de: Joaquín Bicho Carretero (Antonio Bicho), Agustín Rebella, su hijo y el señor Eduardo. Aprendices como: Ventura Camacho y Antonio Moreno (hijo del Petrolero). Tampoco nos olvidaremos de: los Navegones, Felipe Carretero y a su compañero el Portugués y a otros artistas como Ventura y José Camacho.


   ARRIEROS.- Loa arrieros se encargaban del transporte de mercancías que cargaban sobre lomos de animales: burros, caballos, mulos..o bien tras la invención de la rueda, sobre carros y carretas. El tipo de mercancías era muy variada: leña, picón, frutos y otros productos, previo pago de sus portes, a todo aquel que se lo solicitaba.

   La aparición de los vehículos a motor, ha sido la causa de la desaparición de esta actividad y con ella la mayor parte de los animales que se dedicaban a tal menester.

   Recordemos a los viejos arrieros del pueblo como eran: Paquete, Manolo Chupadeo, Nicolás el Frijonero, Antonio el Frijonero, el Cano y Juan Fernández (el tío Rato).


   ALBAÑILES.- La albañilería en La Codosera, ha sido y es, uno de los oficios que más puestos de trabajo genera en la población. Casi todo el mundo entiende de esta materia, puesto que desde la antigüedad los lugareños ayudados de sus vecinos y parientes, construían sus propios hogares.

   Son dignos de recordar en nuestra villa a: Tomás Rolo, Marcelo Rolo, Pedro Rolo, Parratonera, Moita, Manuel Sarabandija, Antonio el Negro, José Tormenta, Miguel el de Blas, Paulo Gallina, Juan Pérez el Peba, José González el Saludao, Ramón el Andaluz, Juan el Sonero y Francisco Fernández Tardío.


   ELECTRICISTA.- Paulino Margullón


   CAPADORES (CASTRADORES).- La extirpación de los órganos genitales de los animales, era el oficio desempeñado por estas personas. las castraciones eran muy variadas en cuanto a los animales se refiere, ya fueran machos o hembras de las distintas especies: cerdos/das, caballos, burros, toros, pollos (los conocidos capones), etc..Había que tener en cuenta que si la operación no era bien realizada, se podía perder el animal castrado, con el consiguiente quebranto económico que ello suponía a ala familia. Eran unos verdaderos especialistas y conocían a la perfección la anatomía de los animales.

   Algunos se trasladaban de pueblo en pueblo y hacían reconocer su llegada por medio de toques de silbato, compuesto de varios cañoncillos unidos, que recibían el nombre de contrapuercas/os.

   Entre los capadores de esta villa destacamos a: "Capaó", de Herrera y a Manuel el de Los Bastos.


   PREGONEROS.- Eran funcionarios municipales que se anunciaban a viva voz por todas las calles del pueblo, haciendo saber al público los asuntos de interés tanto municipales como particulares y los de carácter comercial, éstos, con el fin de proporcionar compradores a los vendedores del ramo de la alimentación o de cualquier otro bien de consumo. Hacían acompañar sus voceos con los agudos sonidos de los toques de sus trompetillas.

   Este oficio ha ido despareciendo por la evolución de la publicidad a través de otros medios como son los medios de comunicación, prensa, radio, televisión, buzoneo de propaganda, correo electrónico, Internet, etc...

   Son dignos de guardar en el recuerdo aquellos pregoneros de nuestro pueblo tan entrañables como: Gallito, Santos Pérez David, Javier el Biñoloro, Esteban y Martín (Facallo).


   MIMBREROS.- En nuestra villa (sobre todo para la recogida y el transporte de los frutos de la vega del Gévora) eran muy útiles e imprescindibles las canastas y los cestos de mimbre, banastas, espuertas y serones, hechos ya de caña, ya de esparto ya de tiras de madera de olivo o de castaño, etc..Esta era la función de la que se encargaban los mimbreros, hábiles artesanos que confeccionaban los recipientes que hemos citado, receptáculos que tan necesarios eran para nuestros hortelanos y agricultores.

   Destacaron en la villa la familia de mimbreros compuesta por: La Tía Coriane y sus hijos.


   PORQUEROS.- Los porqueros se dedicaban al cuidado y guarda de los cerdos. Antiguamente las piaras de cerdos eran conducidos todas las mañanas por sus propietarios al "corrá del conceh´o" (cercado propiedad del Ayuntamiento), Una vez reunida allí toda la piara (sobre las 10 de la mañana), era conducida por los porqueros a los "millares"  (terrenos de dehesa de propiedad municipal), donde pasaban el resto del día en libertad y alimentándose en el campo.

   Se recuerdan tres "Millares": El del Puente al Jola, El del Codosero hasta la Era de los Portugueses y el de Valle Seco a Valdescargá.

   A las 7 o las 8 de la tarde (según la época del año), los cerdos se recogían y los conducían de vuelta desde los "millares" hasta las puertas del Corral del Concejo, donde los gorrinos quedaban libres, volviendo cada uno solo a casa de su dueño, y aguardaban pacientemente a que les abrieran la puerta de la zahurda.

   Los últimos porqueros que se recuerdan son: los hermanos Juan y Alonso Fernández Bermejo, Cagarreta, Margarita, Paula y Pichirichi, Guillermo el Platero, Alonso Rato (Guapetón) y Juan Fernández (Pichita.


   GUARDAS DE CAMPO.- Recordamos a: Picapalo, Antonio Hernández, Vitoriano Vilés y Andrés Rivero


   MOLINEROS.- Su misión consistía en la molienda de cereales en sus molinos hidráulicos. Se molía harina, pimientos secos para extraer el pimentón, descascarillar arroz, etc.. Así mismo se molturaban también algarrobas, garbanzos y otras legumbres.

   Se recuerdan a los molineros: Peterre, Elías, Chola, Seco, Mingo el Sastre, Joaquín Serrano y Fronteriña.


   MANTAS DE TRAPO.- Las mantas de trapo surgieron de la necesidad de aprovechar los desechos de otras vestimentas que habían perdido el uso a la que fueron destinados, procedentes de: ropa de vestir, mantas ruanas, capas raídas y, en general, cualquier tipo de tela.No se desaprovechaban, ni se tiraban y con sus largas y finas tiras de tela, los manteros confeccionaban mantas pesadísimas, frías e inhóspitas y ásperas al tacto.

   Pues bien, a estos cobertores se les denominaba "mantas de trapo" . Hoy se conservan como piezas de museo.


   ESTIÉRCOL.- El estiércol es uno de los abonos más importantes para las cosechas y las plantas. Antes de que salieran al mercado los fertilizantes industriales, los residuos orgánicos de las bestias de labor, del ganado, etc.. eran aprovechados como materia imprescindible para enriquecer las tierras.

   En nuestro pueblo, el estiércol procedente de las deposiciones de los cuadrúpedos era barrido y almacenado en un esterquero, lugar en donde llevaba a cabo su fermentación. Después, cuando alguien tenía necesidad de este producto para abonar sus campos se lo compraba a La Tía Pedralta.


   CURANDEROS.- Los curanderos en los pueblos han sido personajes muy importantes (al no existir en los pueblos médicos y ni siquiera practicantes). La gente iba en su busca con el fin de mitigar y curar sus dolores y malestares. Aún perduran en la actualidad.

   Unos aplicaban sus métodos consistentes en ceremonias rituales y conjuros para sanar al paciente. Otros utilizan su práctica y experiencia, que les lleva a poder colocar, con éxito, los huesos fracturados o los que están fuera de sus sitio (dislocaciones), como también las membranas y los tendones magullados (distensiones), etc..

   Entre los curanderos importantes mencionamos a: Juan Patatanes y el Tío Pacucho.


   CARBONEROS.- El trabajo de los carboneros, consistía en extraer el carbón vegetal, que junto con el picón, ponían a la venta, para calentar en el invierno los hogares de los codoseranos y para la cocción de los alimentos.

   Recordamos a: Manolo el Carbonero, el Padre del Cano, Los Elías (el Tío Elías y sus hijos) y a Francisco Salgado (el Tío Trifón).


   PESCADEROS.- Ponían a través de sus pescaderías el pescado a la venta.

   Citaremos a: Carlos Delgado (Sandalio), Hilario Caldito Parra (Caldito), Manolo (el Carbonero), Julián Chiquín (el Rana) y a Joaquín Rodríguez (el Pato).


   CINES (salas).- En las salas de cine que podemos citar figuraban trabajando en ellas: Agustín Costo, Don Casto, Aurelio Jaraíz, Manolo el Carbonero y José Fernández.


   JUGADORES DE CARTAS PROFESIONALES.- En lo viejos tiempos, los juegos,
sobre todo los de azar, eran un práctica común en todas las capas de la sociedad,
como entretenimiento y manera de hacer pasar el tiempo.

   En La Codosera había personas que hacían del juego su profesión. La Habilidad de estos jugadores, sobre todo con las cartas, y principalmente en los juegos de envite, era asombrosa y era muy difícil que se les pudiera ganar una partida.

   En nuestra villa tenemos que destacar a Juan el Pipa.


   PELADORES Y ESQUILADORES.- Esquilar es cortar el pelo, vellón o lana a los animales. Este trabajo campero, se hace una vez por año, por lo común al finalizar la primavera y afirmarse los calores.

   La esquila se realizaba en un gran galpón o al aire libre, en las cercanías del corral donde estaba encerrada la majada. Los esquiladores se formaban en hilera y los agarradores, personas dedicadas a atar las patitas, les traían las ovejas. Rápidamente
le quitaban la gruesa manta de lana y luego las liberaban.

   A los burros también se les pelan para mitigar los calores del estío.

   Entre los esquiladores señalamos a: Albino Lambuque y a sus hijos. Y a entre los peladores de burros a Lorenzo "el Pelaó".


   VENTA AMBULANTE LOCAL.- Es el viejo oficio de “comprar y vender”, al fin y al cabo, consistente en vender zapatos, vestidos, bolsos o abrigos procedentes de los saldos de los grandes fabricantes, poniéndolos al alcance de las economías más modestas a nivel de la calle. Ha sido el recurso de quienes carentes de una formación sólida no han encontrado otra forma para ganarse la vida.

   Actualmente esta actividad está reglamentada y se la conoce popularmente como "mercaillos".

   Entre los vendedores ambulantes citaremos a: Federico Bagullo (de frutos de la huerta), a Ramón Pérez "Ramón Porselana" (ferretería) y a Manuel Barrientos "Manolo el de las Telas" (Telas).


   MOCHILEROS.- Al Mochilero se le denomina como a una persona que viaja con su mochila a cuestas. Pero el contrabando, es decir, pasar productos de un país a otro sin declararlos vulnerando las leyes ha existido desde que el hombre puso fronteras. La vigilancia de las fronteras, estaba encomendada por parte portuguesa, a la Guardia Republicana, los guardiñas, y por parte española a los Carabineros cuerpo que una vez concluida la Guerra civil se fusionó con la Guardia Civil, con el nombre específico de Guardia Civil de Fronteras. En El Marco y O Marco, en la Codosera, separados por el minúsculo arroyo Abrilongo. Cruzar era muy fácil. Bastaba una pasarela de madera de dos metros en invierno. A cada lado, varias tiendas convertían el lugar en un zoco internacional que aún mantiene cierto sabor.

   Los llamados Mochileros, que trabajaban normalmente en grupo más o menos numeroso por cuenta propia o contratados por alguien que no los acompañaba, sobrepasando a veces los 25 kilos de peso. (“La vida del mochilero vale aproximadamente el equivalente a 25 kilos de café”). Aparte de esta carga, llevaban sujetos al pecho un paquete al que llamaban “fiador” para que si eran sorprendidos y tenían que tirar la carga para aligerar la huida, esto les sirviera para ganar un jornal.

   El producto estrella era el café aunque también se traficaba con el tabaco, lana, gallinas, huevos, tripas para matanzas y hasta aspirinas. El café era de tres o cuatro clases siendo el de mezcla molido, el más barato; se conocían bastantes marcas de café el Camello, el Barco, el Cazador, el Cubano todo en grano; aunque los que más se vendían era el Camello y el Barco y los que más dinero dejaban pues si se compraba a diez duros se vendía a veinte.

   En La Codosera se dedicaron a este menester múltiples familias.

Pedro Cordero Alvarado

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